octubre 04, 2004

[Capítulo VII: Pensando la Argentina Eficiente] Cómo financiar el crecimiento. Hacia un mercado de capitales eficiente

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Historia de los redescuentos
Cómo financiar el crecimiento
Por Roberto Cortés Conde Para LA NACION


Un mercado de capitales eficiente es un instrumento necesario para canalizar los ahorros hacia la inversión y promover el crecimiento. Entre fines de siglo XIX y la Primera Guerra Mundial, la Argentina logró acceder a una masa enorme de capital extranjero que le permitió construir ferrocarriles y puertos que acercaron la producción de sus tierras fértiles a los mercados europeos. Miles de individuos, en su mayoría británicos en edad activa, colocaban sus ahorros en acciones de compañías que construían ferrocarriles, y servicios públicos en la Argentina, para gastarlos al tiempo de sus retiros. El progreso del país se construyó sobre el trabajo de millones de nativos e inmigrantes, pero también gracias a los ahorros de extranjeros. Un eficiente mercado internacional de capitales, al tomar ahorros de poblaciones más maduras y destinarlos otras más jóvenes, contribuyó a ese desplazamiento.

Ya nada fue igual

La Primera Guerra interrumpió esa corriente de capitales, que si bien retornó en parte en los 20, no volvió nunca con esa intensidad. Entre otras razones, porque habían aumentado las personas en edad pasiva que gastaban sus ahorros, porque las empresas que habían invertido en activos domésticos con ingresos en pesos fueron perjudicadas por la devaluación y el control de cambios en los 30, pero sobre todo porque los conflictos y las guerras detuvieron la movilidad de capitales. Tras la crisis de 1930 sin posibilidad de captar ahorro externo había que buscar reemplazarlo por el doméstico. Las circunstancias eran favorables: había aumentado el ingreso nacional, había más población en edad activa y el mayor esfuerzo en inversión en infraestructura ya estaba hecho. En los años 20, el aumento del ahorro en los bancos y en títulos públicos fue importante. Mientras que entre 1900 y 1913 el grueso de la inversión fue en infraestructura, en los 20 hubo una ola importante en maquinarias y equipos importados para la industria que fueron la base de su crecimiento en los 30 aunque no se hicieron tomando ahorros en el mercado de capitales, sino con reinversión de las ganancias.

En los países anglosajones, las industrias se financiaron colocando acciones en la Bolsa. En los continentales, con la banca de inversión. No fue así en Argentina. Los ahorros se dirigieron a los papeles más confiables, las cédulas hipotecarias y los títulos públicos mientras los volúmenes negociados en la Bolsa fueron menores. Tampoco se generalizó la banca de inversión. La comercial, descontaba documentos de corto plazo.

Cuando estalló la Guerra Mundial, el ministro Pinedo, en 1940, preocupado por no poder colocar nuestras cosechas en la Europa continental y con un sistema bancario en el que los depósitos (de corto plazo) superaban ampliamente a los préstamos, propuso, entre otras medidas para promover a las industrias, que se le facilitara, como emergencia, crédito de largo plazo. El problema del descalce temporal se resolvería garantizando el banco Central tomar a su cargo la obligación de pagar a los depositantes si éstos lo requerían antes de que los bancos pudieran exigírselo a sus deudores. Poco después, las perspectivas del comercio argentino mejoraron y este mecanismo no fue implementado. Pero se había concebido un redescuento distinto al de la Carta Orgánica del Banco que como prestamista de última instancia debía usarse para resolver problemas de iliquidez transitoria.

Un nuevo papel

En 1946, con LA NACIONalización de los depósitos, el redescuento se utilizó para reemplazar las funciones de un mercado de capitales que se consideraba poco desarrollado (y lo era con tasas de interés menores a la inflación). En los años del peronismo no fue sólo un instrumento de regulación monetaria, sino de promoción de las más diversas actividades, compras de empresas, adquisiciones de bienes y subsidio a productores.

El Banco de la Nación, el de Crédito Industrial y el de la provincia de Buenos Aires concedían créditos que redescontaba el Central. Su monto fue enorme y superó ampliamente al de los depósitos (un 49% en 1950 y un 82% en 1955) siendo el factor principal de creación monetaria. Con tasas fijas, su expansión produjo una inflación que rondó cerca del 20% anual y que castigó a los ahorristas que perdieron entre el 10% y el 20% por año del valor real de sus tenencias favoreciendo a los deudores que licuaron sus obligaciones. Las pérdidas impuestas a los ahorristas fueron un desincentivo para la formación de un mercado de capitales. El favoritismo en la asignación de los créditos racionados fue fuente de corrupción y resultó ineficiente cuando se destinó a actividades que de otro modo no hubieran dado beneficios. Los documentos redescontados perdieron valor como consecuencia de la inflación por un equivalente a un 16% del PBI de 1957. Otro monto equivalente a un 10% del PBI de ese año fue declarada incobrable y reemplazado en el Banco Central por un bono de saneamiento.

Los ambiciosos planes de desarrollo de la Argentina, que debían ser financiados por ese medio, tuvieron un resultado muy pobre. La Argentina, en el período de Perón, concluyó con un crecimiento decepcionante: 2,4% total y del 0,7% por habitante por año. El país se había descapitalizado y tenía una seria crisis de energía y transportes, como lo advirtieron Prebisch en 1955 y el presidente Frondizi en 1958.

El problema del financiamiento de la inversión y el de contar con un eficiente mercado de capitales continuaron siendo hasta hoy dos condiciones para el crecimiento de la Argentina.

El autor es profesor emérito de la Universidad de San Andrés.

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Posted by Alberdi & Urquiza to Capítulo VII: Pensando la Argentina Eficiente at 10/03/2004 12:33:00 PM
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